CONFIAR EN TU PROPIO CRITERIO

CÓMO CONFIAR EN TU PROPIO CRITERIO Y DEJAR DE DUDAR DE TI

Confiar en tu propio criterio es una habilidad que puedes recuperar, aunque hoy sientas que dudas de ti,

busques aprobación constantemente o te cueste tomar decisiones.

¿Cuándo fue la última vez que tomaste una decisión sin pedir la opinión de nadie?

No hablo de elegir un restaurante. Hablo de decidir si dejar una relación, cambiar de trabajo, poner un límite o empezar ese proyecto que llevas meses aplazando.

Antes de decidir por ti misma… recurres a tu amiga le preguntas a tu pareja…

O buscas el tarot, el péndulo, un video tutorial, opiniones en google… hasta le preguntas. a chat gpt , antes de

parar a escuchar tu propia voz interior.

Y cuando todo el mundo ya ha hablado… sigues sin saber qué hacer. ¿Te suena esto?

El problema no es que te falte información, el problema guapa, es que has dejado de confiar en tu voz i

interior. EN la voz de tu alma. Hay una parte de ti misma que ya sabe, si es un si o es un no. Y sé que duele

muchas veces tener la certeza de que algo o alguien simplemente se terminó.

Pero cuanto más buscas fuera la respuesta, más te alejas de la única opinión con la que vas a convivir toda la

vida: la tuya.

Quiero que sepas que no naciste dudando de ti. Hubo un tiempo en el que sabías perfectamente lo que

querías. Si algo no te gustaba, llorabas. Si querías algo, lo pedías.

Si alguien cruzaba un límite, tu cuerpo reaccionaba sin miedo y sin pedir permiso. No te justificabas ni tratabas

de convencer a nadie. Tampoco necesitabas que otra persona te dijera si lo que sentías era correcto.

Hasta que empezaste a recibir mensajes como estos:

“No seas exagerada.” – “No es para tanto.” – “Siempre estás igual.” – “No hagas un drama.”

“Piensa un poco en los demás.” – “Qué egoísta eres.”

Y sin darte cuenta aprendiste a cambiar tu manera de responder. En lugar de cuestionar esos mensajes, los

tragaste como todo niño se traga los mensajes de los adultos de su alrededor y por supuesto los hiciste tuyos.

Empezaste a esforzarte para no decepcionar a los tuyos… sin ser consciente y sin ningun tipo de maldad te

modelaste. Así empezaste a callarte. A minimizar lo que sentías. A preguntarte si estabas exagerando.

A pedir perdón por molestar. A decir “me da igual” cuando sí tenías una opinión.

Y casi sin darte cuenta, dejaste de preguntarte:

¿Qué necesito yo?

El abandono empieza CON DECISIONES QUE PARECEN PEQUEÑAS

Y Seguramente no hubo un día concreto en el que dijeras: “A partir de hoy voy a dejar de escucharme.”

No. Seguramente empezaste a sentir inseguridad al tener que mostrarte o dar tu opinión.

Seguramente empezaste a sentir punzadas y dolor en la garganta cada vez que tenías que hablar sobre tus emociones.

Y ocurrió que dijiste “sí” queriendo decir “no”, demasiadas veces.

Tantas que perdiste el sabor de mostrarte con orgullo. Y empezasta a hacer cosas a escondidas.

Cada vez que cambiaste de opinión porque alguien no estaba de acuerdo contigo o cada vez que pedias

consejo, en realidad, ya sabías cuál era la respuesta.

Cada vez que justificaste una falta de respeto para evitar un conflicto y cada vez que sonreíste para no

parecer borde, te sentiste culpable porque sabías que te estabas haciendo pequeña. Sin embargo la victima

crecía y crecía dentro de ti y empezaste a pedir perdón por expresar una necesidad de forma automática.

Incluso por casi todo pedías o pides perdón aún. Cada vez que te has dicho :

“Me da igual.” ,¨No importa¨ ,¨Bueno , venga vale, lo que tu quieras¨,

En realidad, sí te importaba. Y el problema es que no es una decisión aislada.

El problema es repetir ese patrón durante años, ha ido mermando tu autoestima, tu fortaleza interior, te ha

llevado a consumir sustancias tóxicas que anestesiaban esa ansiedad que te producias el no estar sabiendo

darte tu lugar, el no estar sabiendo decir quizás un no a tiempo.

Pues cada vez que dejas de confiar en tu propio criterio para no incomodar a otra persona, le estás enviando

un mensaje a tu cerebro:

“Lo que los demás necesitan es más importante que lo que necesito yo.”

Y cuando repites ese mensaje una y otra vez… Llega un momento en el que ya no sabes qué quieres.

No porque no exista una respuesta. Sino porque llevas demasiado tiempo escuchando a todo el mundo menos

a ti.

Las consecuencias son más profundas de lo que parecen

Al principio solo sientes que te cuesta decidir por ti misma mucho, que dudas muchísimo por todo.

Pero con el tiempo, el problema deja de estar en las decisiones.

Empieza a afectar a la forma en la que te relacionas contigo misma.

Empiezas a dudar de ti incluso cuando sabes la respuesta, incluso cuando tus emociones están siendo claras.

Le das vueltas durante días a conversaciones que ya terminaron. Repasas mentalmente las diferentes

posibilidades o estrategías sin llegar aver ninguna salida fácil y clara. Necesitas que alguien te confirme que

no estás exagerando. Buscas aprobación antes de dar un paso. Le cuentas tus cosas a personas que ni tan

siquiera saben de eso que a ti te sucede, buscando apoyo en personas que no te pueden dar un apoyo útil.

Y aún te lías más. Te cuesta poner límites porque temes haberte equivocado. Y cuando por fin tomas una

decisión… La cuestionas una y otra vez.

En el fondo te cuesta confiar en ti y eso te pasa factura algunas veces, porque terminas involucrándote en

espacios o con personas que en el fondo poco tienen que ver contigo.

Has aceptado trabajos que no te llenan, has mantenido relaciones íntimas con personas que no te hacen bien.

Pospones proyectos que llevan años llamándote.

Y ahí aparece una frase que escucho muy a menudo en mis clientas:

“Ya no sé quién soy.”

Y cuando la escucho se me parte el corazón porque en realidad yo sé que nunca jamás has perdido tu

esencia, solo has dejado que otros hablen por ti y has dejado de fortalecer tu criterio.

Solo has dejado de escuchar la única voz que nunca deberías haber silenciado: la tuya.

Recuperar tu criterio no significa dejar de escuchar a los demás

Escuchar otros puntos de vista puede ayudarte. Pedir consejo también.

El problema aparece cuando la opinión de cualquier persona tiene más peso que la tuya.

Cuando necesitas que alguien te diga que vas por el buen camino para atreverte a dar un paso.

Cuando solo sientes tranquilidad si los demás aprueban tu decisión.

Confiar en tu propio criterio no significa creer que siempre tienes razón.

Significa dejar de vivir con miedo a equivocarte.

Porque una persona con criterio también se equivoca.

La diferencia es que deja de entregar a los demás la responsabilidad de decidir cómo quiere vivir.

Empieza a hacerse preguntas como:

•⁠ ⁠¿Qué quiero yo?
•⁠ ⁠¿Qué necesito yo en este momento?
•⁠ ⁠¿Esta decisión nace de mí o del miedo a decepcionar a alguien?

Y aunque escuchar a los demás sigue siendo valioso, ya no busca que le digan qué hacer.

Busca ampliar su perspectiva.

Porque al final, quien va a vivir las consecuencias de esa decisión eres tú.

Y nadie, por mucho que te quiera, puede saber mejor que tú qué vida quieres construir.

¿Cómo empiezas a recuperarlo?

Recuperar tu criterio no empieza tomando grandes decisiones. Empieza aprendiendo a escucharte en las

pequeñas. Quiero proponerte un ejercicio muy sencillo.

La próxima vez que tengas que tomar una decisión, aunque sea pequeña, no hagas nada durante un minuto.

No busques opiniones. No abras WhatsApp. No preguntes a ChatGPT. No llames a nadie.

Solo detente. Respira.

Y hazte estas tres preguntas:

1.⁠ ⁠¿Qué quiero hacer yo, si nadie fuera a opinar sobre esta decisión?

No lo que “deberías” hacer. No lo que esperan de ti. Lo que realmente quieres.

2.⁠ ⁠¿Qué siento en mi cuerpo cuando pienso en esa opción?

La Gestalt parte de una idea muy sencilla: el cuerpo suele darse cuenta antes que la cabeza.

Observa. ¿Se relajan los hombros? ¿Respiras mejor? ¿Notas un nudo en el estómago?

No intentes interpretarlo todavía. Solo date permiso para sentirlo.

3.⁠ ⁠¿Esta decisión nace del amor hacia mí o del miedo a decepcionar a alguien?

Esta pregunta cambia muchas cosas. Porque, a veces, lo que llamamos “duda” en realidad es miedo.

Miedo a que no te entiendan. Miedo a que se enfaden. Miedo a no gustar. Miedo a decepcionar.

Y cuando lo ves con claridad, recuperas algo muy importante:

la capacidad de elegir de forma más consciente. No necesitas hacerlo perfecto.

Solo necesitas empezar a escucharte otra vez. Porque recuperar tu propio criterio no consiste en dejar de

equivocarte. Consiste en dejar de abandonarte.

Una última reflexión

Recuperar la confianza en ti no es una conversación. Es una práctica.

Ojalá recuperar la confianza en una misma fuera tan sencillo como leer un artículo o repetir una afirmación delante del espejo.

Pero no funciona así. La confianza no aparece porque un día decidas creer más en ti.

Se construye cada vez que haces algo que antes no te atrevías a hacer.

Cuando dices un “no” sin justificarte.

Cuando te pones esa ropa que siempre te ha gustado, aunque alguien pueda juzgarte.

Cuando vas sola a comer porque no quieres seguir esperando a que alguien te acompañe.

Cuando te apuntas a bailar aunque pienses que lo haces fatal.

Cuando haces ese viaje que llevas años posponiendo.

Cuando expresas una opinión diferente sin sentir que tienes que convencer a nadie.

Cuando eliges un camino porque tiene sentido para ti, aunque los demás no lo entiendan.

Cada una de esas decisiones le envía un mensaje a tu cerebro:

“Puedo confiar en mí.” Y eso vale mucho más que repetir cien veces la palabra confianza.

Ese es el trabajo que hacemos en mis acompañamientos. No intento convencerte de que eres suficiente.

No quiero que dependas de mis respuestas. Quiero que aprendas a encontrar las tuyas.

A través de ejercicios de Gestalt, experiencias corporales, comunicación consciente y decisiones llevadas a la vida real, el objetivo no es que salgas pensando diferente.

Es que empieces a vivir diferente. Porque cuando empiezas a actuar desde tu propio criterio, la confianza deja

de ser una idea. Se convierte en una forma de caminar por la vida.

¿Y si este fuera tu siguiente paso?

Si mientras leías este artículo te has reconocido en muchas de estas situaciones, quizá no necesites más información.

Quizá lo que necesitas es empezar a practicar.

Puedes comenzar haciendo el test gratuito que encontrarás al final de esta página. Descubrirás cuál es el patrón que más influye en tu forma de relacionarte contigo misma y cuál puede ser el primer paso para empezar a recuperar tu propio criterio.

Y si sientes que ha llegado el momento de profundizar, estaré encantada de acompañarte. Porque recuperar tu criterio no consiste en convertirte en otra persona.

Consiste en volver a casa: a ti.

¿Te ha resonado este artículo?

Es un buen primer paso para empezar a entenderte y volver a elegirte con más claridad.

Si sientes que has aprendido a priorizar a los demás antes que a ti, he preparado un TEST GRATUITO que te ayudará a descubrir cuál es el patrón que más está influyendo en tu forma de relacionarte y de tomar decisiones.

Con amor y Valentía

🌋

Beatriz

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